Entre los discursos políticos que refieren a la década ganada, y aquellos que rememoran la potencia económica del 1900, no puedo dejar de preguntarme ¿donde estamos realmente?, o lo que es lo mismo, ¿cuanto tiempo hemos perdido?.
Pues bien, creo que hemos desperdiciado la friolera de 40 años. Eso es lo que atrasamos, no con respecto a otros países, no con respecto a lo que supimos ser. Simplemente hace 40 años que dejamos de avanzar en la dirección correcta.
Hay una zona del sur, donde el paisaje de Chile se funde en una similitud absoluta con el de Argentina. Fronteras que no están demarcadas por el límite de las altas cumbres y puntas nevadas que quedan al Oeste de ambos países. Donde la estepa patagónica se extiende a uno y otro lado de una línea que es sólo política, lo que facilita la existencia de una variedad de alternativas por donde cruzar de un país al otro.
Del lado chileno, una ciudad que puede no ostentar el mote de la ciudad más austral del mundo, merece ser conocida como la perla austral. Sus edificios son esquistos y demuestran la importancia que supo tener en sus inicios, aún hoy un poco deteriorados, lucen el gusto con el que fueron construidos. Me refiero a Punta Arenas, ciudad que merece ser conocida y, de hacerlo, teniendo presente que parte de la historia de Luis Piedra Buena se escribe alrededor de esta ciudad.
En mi reciente viaje hacia el sur, cruzando desde Río Turbio, he debido contemplar la penosa laborar de los burócratas de turno cuya contribución a la grandeza de sus países se ve reducida a estampar mecánicamente sellos de goma en un papel. De uno y otro lado, dos para la ida, otros tanto para el regreso.
Entonces me pregunto, luego de haber superado un posible conflicto armado, haber resuelto las diferencias limítrofes que existían, como puede ser que luego de 40 años, sigamos estampando sellos y no se haya aprovechado la oportunidad que significaba dejar atrás los desacuerdos.
Argentina y Chile forman un triángulo de tierra que se extiende hacia el sur en una cuña que separa el Pacífico del Atlántico. Solo el tercer y más corto de los lados de ese triángulo limita con otros territorios: Uruguay, Brasil, Paraguay, Bolivia, y Perú.
Esta posición privilegiada puede ser una enorme oportunidad o un severo contratiempo según cual sea la relación que ambos países desarrollen.
Si la misma es de competencia y desconfianza, deberán dedicar un esfuerzo importante para controlar esa frontera inaccesible que significan los Andes, esto es lo que ocurre hoy. Sí, por el contrario, se desarrolla una relación de cooperación y colaboración, se podría generar un espacio común con los territorios de ambos países y dedicar todo el esfuerzo para controlar ese tercer lado del triángulo que es el que linda con el resto de los países.
La cordillera dejaría de ser un escollo, salvo para quienes pretendan pasar por fuera de los pasos habilitados.
Solo una decisión política media para convertir una situación desventajosa, una frontera extensa e inaccesible en una oportunidad única para ambos países.
La única explicación por lo que no han avanzado está en la ideología partidaria antes que en la verdadera política que hace al bienestar de los pueblos.
Si no atrasáramos 40 años, si hubiéramos avanzado en lugar de detenernos en ese hito que fue el acuerdo, hoy discutiríamos con Chile las campañas comunes para ese otro espacio que también ambos pretendemos y que solo esa misma visión distorsionada puede pretender que en forma aislada podemos alcanzar.

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