Una persona que genera un disturbio dentro de un local al punto que deba ser sacada del mismo por la fuerza, debería ser entregada a la policía, pasar el resto de la jornada tras las rejas, esperar que baje el alcohol y la euforia, quedar detenido para ser cuidado. Ser retirado por otra persona que se haga cargo de su comportamiento.
Culpar a un deporte como la causa es esconder el problema. Es decir, lo hacen ellos por eso, o lo que es lo mismo. Si yo no lo practico, estoy a salvo.
La diferencia entre esa locura y mi cordura queda establecida y a resguardo.
Los deportes de contacto no incentivan la ira, por el contrario, forman el carácter para dominarla.
Que existan violentos que se acerquen confundidos por un deporte pasa, pero en la decantación, o son formados o excluidos.
No encuentro gente sorprendida, azorada, preocupada, deprimida por lo que ha pasado.
Si encuentro gente indignada, enojada, que culpan al deporte como causa, ven un comportamiento coordinado, un fin predefinido una muerte buscada.
No nos sorprendemos por la violencia por que desgraciadamente estamos acostumbrados a ella, pero nos defendemos de ella identificando una causa simple y sencilla, que no nos cuestione.
Me niego a todo esto. No quisiera estar en los zapatos de ninguno de esos padres, ni de quien hoy llora un hijo, ni de el que ve que puede terminar su vida tras las rejas. No las comparo, simplemente el sufrimiento de cualquiera de ellos me sería intolerable.

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