Nació en 1889, año de la Exposición Universal de París, la inauguración de la Torre Eiffel y el Moulin Rouge. Pedro II era derrocado para dar nacimiento a la república de Brasil y Van Gogh pintaba "La noche estrellada".
Se inició en el colegio público a los 9 años ingresando en cuarto grado. Mucho antes, desde los cuatro, ya sabía leer y escribir. Por su aspecto físico, tartamudez y forma de ser fue motivo de burla. Hoy diríamos que sufrió bullyng en el colegio y nos escandalizaríamos. No le fue mejor en su patria el resto de su vida.
Notre Héritage n’est présédé d´aucun testament, (Nuestra herencia nos fue legada sin testamento alguno), escribe René Char, poeta de vocación que profesaba la resistencia durante la ocupación alemana en Francia. Lo escribe en esos días aciagos, donde el presente era un segundo suspendido entre los abismos del pasado y del mañana. Hannah Arendt, interpreta esta frase de René Char de la siguiente manera:
Sin testamento o, para resolver la metáfora, sin tradición … parece no haber ninguna continuidad legada en el tiempo y por lo tanto, humanamente hablando, ningún pasado ni presente, sólo un sempiterno cambio del mundo y el ciclo biológico de los seres vivos. (Arendt, 2005, p.77).
El costo de perder el legado de Borges, trasciende sus obras publicadas y los valores de sus bienes, significa cancelar los caminos que permiten volver sobre el. En esta entrega de una generación a otra que significa la tradición, cerraremos las puertas para que quienes nos sucedan no puedan volver sobre su obra.
Sigue en ese mismo texto Arendt y describe el presente como “esta brecha del tiempo entre el pasado y el futuro”, y citando una metáfora de Kafka, sitúa al hombre atrapado sin escape en una lucha entre el presente y el pasado, en la cual, cada uno lo toma de aliado contra el otro. No es mero observador, no puede no estar involucrado.
Tampoco lo puede René Char, en la guerra, el presente estalla en instantes, se atomiza en cada uno de los segundos que dividen la vida de la muerte. Imposible pensar en un mañana, sin tiempo para detenerse a pensar en un ayer.
Si por no haber un testamento, por burocracia o desidia, la obra de Borges se pierde, ya sea desapareciendo, ya sea dispersándose en un sinnúmero de partes, lo habremos expulsado nuevamente de estas tierras.
De igual manera que habiendo cambiado los nombres de las calles hemos borrado los acontecimientos que en ellas se libraron y demoliendo edificios y monumentos, hemos destruido también los espacios y por ende los tiempos que nos precedieron. Ahora, relajados en sus obras publicadas, como carroñeros que limpian sus huesos, podremos volver a construir en donde antes la carne se hallaba, haciendo el hombre que queramos según nuestro relato y no el que ha vivido.
Entonces, en ese equilibrio entre pasado y futuro, habremos nuevamente cortado el vínculo con el primero. Dispondremos las piezas de la forma que hagan falta para justificar nuestras acciones y privados de una referencia vital, culparemos a otros, cuando el rumbo no acierte con el destino proyectado.
Felices de llegar sin importar a donde, sin tener que comprender desde donde hemos arribado, podremos entregarnos al disfrute de ese presente dislocado, riendo como locos enajenados.
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Arendt, H. (2005). De la Historia a la Acción.

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