La tierra es plana. Las fotos del hombre en la luna son trucadas. Las pruebas que verifican la redondez de nuestro planeta son falsas.
Ellos, los terraplanistas, intentarán demostrar una y otra vez su posición. Cada experimento que fracase será un tropiezo del que deberán levantarse, buscar una explicación y un nuevo experimento que confirme su teoría. Solos, aislados del mundo por sus ideas, las convertirán en un faro que los guiará a encontrar a otros que piensan igual.
Quien no ha sentido la soledad de pensar distinto a la mayoría. Quien no se ha reconfortado por encontrar a otro que con quien se coincida. Cuantas veces no escuchamos una opinión por considerarlas falsa, ridícula, delirante, una demostración de falta de conocimientos o de sentido común. Una idea que no merece siquiera una respuesta, una pregunta que no merece su enunciación.
Pero cuestionar nuestras creencias, aquello que nos enseñaron, ¿no es el primer paso para hacer ciencia?. Al descartar una idea por considerarla improcedente, enterramos la idea o también todo el método que da sustento a la ciencia actual.
Podemos abordar las diferencias a partir de la búsqueda de mínimas coincidencias, podemos debatir. Para antes debe existir una predisposición a hacerlo, a escuchar y a dejar que el otro se exprese. Una relación de dos términos en la que solo puedo actuar sobre uno, en mí. No solo en la predisposición respecto al otro, antes, en la aceptación del otro como Otro, distinto. Aceptar la diferencia como el primer paso de un diálogo que no llevará a la coincidencia sino a la convivencia.
Behind the Curve es interesante por lo que significa sostener ideas contrarias a la opinión general y la actitud que uno puede adoptar: rechazarlas sin mayor explicación, ridiculizando la idea y por ende a quien la sostiene, aislando y anulando la persona, o desde el respeto, callando antes que argumentando, dando espacio al silencio y permitiendo que sea el otro quien lo interrumpa.

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